Dos de ellas, la HB 253 y la HJR 27, se relacionan con el estado de la lengua inglesa en Texas. La HB 253 propone “ciertas políticas en relación con el uso exclusivo del inglés” y prohibiría al estado requerir “a una persona que maneje con fluidez otra lengua además del inglés como prerrequisito para obtener un empleo o ascenso”. Conforme a tal ley, ser bilingüe ya no representaría una ventaja para obtener cualquier empleo estatal. Más aún, la iniciativa legalizaría que los contratistas exigieran el inglés como la única lengua permitida en lugares de trabajo y que únicamente en ella se aplicaran las pruebas de manejo.

La HJR 27 añadiría una enmienda constitucional en la votación del 2010 según la cual, de ser ratificada, “establecería el inglés como la lengua oficial de Texas y exigiría que los actos oficiales de gobierno se llevaran a cabo en inglés”.

Berman tiene la intención de generar conflictos con tal legislación, esperando que ésta desate una reacción en cadena judicial que conduzca a una interpretación distinta de la ciudadanía a la estipulada en la Constitución de Estados Unidos. Berman indicó al Tyler Morning Telegraph que la 14ª Enmienda “no es válida para los hijos de extranjeros indocumentados o para cualquier descendiente de extranjeros nacido en Estados Unidos”.

La 14ª Enmienda inicia de la siguiente manera: “Todas las personas nacidas o naturalizadas en Estados Unidos y sujetas a la jurisdicción del mismo, son ciudadanas de Estados Unidos y del Estado en que residan”.

Berman ha sostenido que la inmigración ilegal es un enorme problema que no está siendo abordado a nivel federal, de manera que los estados deben tomar la situación en sus manos para abordar los costos y cuestiones relacionadas con prisiones, escuelas y otros elementos de políticas públicas.

Berman es republicano de Tyler, donde sus afirmaciones tienen más resonancia. En El Paso, la discusión no hace mucho eco en la mayoría (como tampoco ha pasado hasta la fecha en la Asamblea Legislativa de Texas, donde la mayor parte de sus iniciativas fueron rechazadas por el comité el año pasado).

Joseph Villescas, de la consultoría de medios local Villescas Research, considera que la legislación es “intolerante” y “anacrónica”, pero sostiene que la historia de Texas ya ha visto cuestiones similares.

“Una legislación semejante fue empleada para dejar a los hispanos fuera del proceso político y excluirlos de las oportunidades de movilidad social”, comentó.

El resurgimiento de la cuestión es “una llamada al pasado” en el que la discriminación racial era normal y aceptada en la cultura de Texas, y tales leyes representan el deseo de “regresar a una edad de oro en la que estas personas no contaban ni importaban”, expresó Villescas.

Gaspard Genna, catedrático del Departamento de Ciencias Políticas de UTEP, considera que existe una “psicología política” más profunda tras la legislación.

“Al convertir el inglés en la lengua oficial, también codifica a los grupos de aceptados y de rechazados: quienes hablan inglés podrán formar parte del grupo de aceptados y disfrutar de recursos y derechos. Quienes no lo hablen no se merecerán los recursos y derechos de la sociedad puesto que ahora formarán parte de manera oficial del grupo de los rechazados”, comentó.

Los efectos de tal división causada por la legislación marginarían a las personas y crearían escisiones sociales más marcadas en Texas, de acuerdo con Genna. Lo anterior se debe a que tales leyes podrían conducir a cambios en las normas sociales conforme sus consecuencias políticas se fueran filtrando en la cultura de Texas.

“Experimentos en psicología política han demostrado que las personas no tienen ningún problema en privar de recursos a miembros de algún grupo de rechazados. Por lo tanto la legislación de Berman no sólo definiría la línea divisoria entre la pertenencia a alguno de los dos grupos, sino también a quiénes obtendrían qué”, comentó Genna.

Por el contrario, el camino hacia un Texas más unido podría encontrarse en el establecimiento del mismo como un estado oficialmente bilingüe. “La Unión Europea cuenta con muchas lenguas oficiales, lo cual habla del deseo de forjar un grupo inclusivo de aceptados”, comentó Genna. En efecto, la Unión Europea cuenta con 23 lenguas oficiales (entre las que se incluye el inglés).

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